El porqué de la desigualdad económica y social

Inequality, economic and social

“Los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres”. Es una frase tan vieja como la humanidad y, por tanto, la mayor parte del tiempo no ha sido cierta. Sin embargo, desde hace algunos años tenemos la sensación de que es más acertada que nunca.

¿Es el mundo más desigual ahora que, pongamos, hace veinte años?

Sí y no. Si nos referimos a nuestro mundo, el mundo occidental, la respuesta es sí.

Si nos referimos al planeta, la respuesta es no. Esto se puede ver en la famosa “curva del elefante”:

Ilustración 3 gráfica de UGO COLOMBINO – University of Turin, Italy, and IZA, Germany. Explicación en https://www.vox.com/policy-and-politics/2018/2/2/16868838/elephant-graph-chart-global-inequality-economic-growth

Básicamente lo que indica es que los pobres de los países pobres (percentiles del 0 al 70%) han visto crecer sus ingresos considerablemente, entre un 40 y un 80%. Menos desigualdad.

Pero las clases bajas y medias del mundo desarrollado (percentiles 80 a 90%, porque los pobres europeos son pobres para Europa, pero ricos comparados con el resto del mundo) apenas han visto mejora.

Y los más ricos, a partir del percentil 99, han visto dispararse sus ingresos. De hecho, hay estudios hasta el 2016 que muestran cómo la trompa se dispara aún mucho más, de manera que el percentil más rico del mundo se lleva él solito el 27% de las riquezas creadas.

Por tanto, en los países desarrollados sí ha aumentado objetivamente la brecha entre el ciudadano medio y el pudiente. Tanto es esto que prácticamente todo el espectro ideológico admite que la desigualdad ha llegado a niveles preocupantes.

El blanco pobre estadounidense que vota a Trump, el Brexit o el auge de los populismos son consecuencias directas de los salarios mileuristas y los ascensores sociales gripados que caracterizan la brecha social.

Pero, ¿a qué es debida esta desigualdad?

¿Una confabulación de las élites? ¿El club Bilderberg? ¿El hundimiento de la democracia? ¿Algo intrínseco al capitalismo?

Me temo que la verdad es mucho más prosaica. Empecemos…

Cada vez es más barato producir

Cada vez es más barato fabricar un producto dado. La producción de las empresas es limitada por la demanda, no por los límites de personal o de maquinaria. El coste marginal (lo que cuesta producir una unidad suplementaria), cada vez más a menudo, es muy bajo. Las empresas necesitan pocos empleados y tienen una gran capacidad de producción parada. La digitalización va amortizando calladamente puestos de trabajo. Cuanto menos empleos hay, menos capacidad de negociación tienen los empleados. El precio de los productos baja, sí, pero eso no compensa que no se pagan salarios.

Fabricación en países emergentes

Los productos cuya fabricación requiere mano de obra intensiva se producen en países emergentes desde hace años. Esto ha beneficiado a países como China, India o Brasil, que han podido convertir a millones de ciudadanos en clase media. En cambio, Europa y EEUU han trocado empleos por productos baratos, con lo que una buena parte de su clase media se ha empobrecido.

Menos demanda

En parte porque ya tenemos casi todo lo que necesitamos. En parte porque los sueldos son bajos. Los inmuebles son caros y gran parte del sueldo se va en vivienda. Inevitablemente, salarios bajos son igual a demanda baja.

Productos que son sustituidos por software

Históricamente el coste marginal se incrementaba proporcionalmente a la producción. Pero muchos productos se están sustituyendo por productos con coste marginal cero, por ejemplo los relojes despertadores se sustituyen por una app. La app cuesta desarrollarla y mantenerla, pero funciona igual para cien que para mil usuarios. Es decir, si había demanda para un millón de despertadores, esa demanda ahora se cubre con un programilla.

Muchos servicios son gratuitos: navegador para el coche sustituye mapas o tomtom, Google sustituye una enciclopedia, Duolingo sustituye a una academia de idiomas, Google Meet sustituye un viaje, etc.

Es bueno para el usuario, pero globalmente desaparece mucho dinero de la circulación y ese dinero ya no irá al bolsillo de personas.

Mercados perfectos

El mercado perfecto es aquel en el que el comprador tiene toda la información y consigue el mejor precio posible. Ningún vendedor tiene barreras de entrada artificiales. Una pesadilla, por una razón muy sencilla: cuando hay transparencia de precios total es casi imposible para una empresa generar margen. Sin margen no hay dinero para innovación.

El caso es que parte de nuestra economía se ha convertido en un “mercado perfecto”. Gracias a Internet, sobre todo Amazon, se puede tener muchísima información sobre un producto y se puede saber el lugar más barato del planeta donde conseguirlo. De esta manera está casi garantizado que los precios no suben o incluso bajan. Pero eso causa deflación, que es un problema. Además, favorece a las grandes empresas, que tienen ventajas de escala.

Las plataformas tipo Google, Amazon,… sustituyen a intermediarios como comercios o agencias de viajes. Los intermediarios tienen costes marginales proporcionales a su facturación, las plataformas tienen costes marginales que tienden a cero.

El mundo digital genera servicios, pero no empleo ni dinero

El mundo digital es la nueva América. Un continente para explorar con miles de oportunidades. Pero su exploración y explotación no precisa de la mano de obra que necesitaban los nuevos mundos reales ni genera riquezas parecidas. Conseguir facturaciones importantes en Internet no es fácil. Se lleva lo gratuito o pequeñas cuotas mensuales que hay que multiplicar por millones de usuarios para que pesen en la economía. Por ejemplo: el futuro de la prensa está en su versión digital, nadie lo duda. Hasta hace poco había miles de periódicos que vivían dignamente y mantenían plantillas de decenas de periodistas. ¿Cuántos podrán sobrevivir sólo en digital? Lo más probable es que sólo unas pocas publicaciones de referencia logren instaurar un modelo de suscripción: diarios planetarios como el New York Times o El País, un puñado de cabeceras nacionales y un par de periódicos por región para la información local. El resto deberá luchar por las magras facturaciones que da la publicidad en Internet y podrá permitirse muy pocos sueldos. Como usuario, con Internet puedo acceder a una cantidad de información desorbitada por un coste muy pequeño, pero a cambio la prensa mueve mucho menos dinero y personal que hace treinta años.

No quiero decir que en lo digital no se mueva dinero. Google o Facebook demuestran que se mueven cantidades ingentes. Juntos facturan cerca de un tercio de la publicidad mundial, unos 200 mil millones $ (ver cifras en Statista). Sin embargo, entre ambos no juntan ni 180.000 empleados. En cambio, en los otros dos tercios supervivientes de la publicidad más tradicional entran todos los empleados de televisiones, periódicos, revistas y radios del mundo. Difícil saber cuántos son, pero desde luego muchísimos más de 180.000. Por tener una comparación de los empleos que generan las grandes tecnológicas con la industria tradicional, la construcción de la hidroeléctrica de las Tres Gargantas en China costó 25 mil millones $ y empleó a unas 250.000 personas, es decir grosso modo diez veces más empleados por millón invertido.

Desde luego, Internet crea constantemente nuevos servicios que cubren necesidades insospechadas, pero no parece tener capacidad de absorber la mano de obra sobrante de lo que deja obsoleto.

El círculo vicioso de la creación del dinero

Hemos visto que el dinero se crea principalmente a partir de créditos que emiten los bancos comerciales. Si soy mileurista difícilmente me voy a animar a pedir un gran crédito.

La mayor parte de la nueva economía que se está creando es digital y requiere inversiones mucho menores que las necesarias para empresas de infraestructuras. Menos créditos.

El dinero en circulación es proporcional a las deudas con los bancos. Menos deudas, menos dinero. Menos dinero, menos sueldos para la gente.

Ciertamente, para paliar el problema, los bancos centrales están inyectando ingentes cantidades de dinero en la economía, pero éste acaba principalmente en acciones e inmuebles, donde queda inmovilizado, no en la economía productiva.

Por qué la deflación tecnológica lleva a la desigualdad

Así pues, el problema principal en mi opinión es que la mejora tecnológica nos ha llevado a una economía con dos mundos: uno deflacionario, el de la economía real, y otro inflacionario, el de la inversión.

La tecnología multiplica y abarata los servicios que nos da, pero nuestra percepción, en los países desarrollados, no es de enriquecimiento porque a fin de mes tenemos que pagar una vivienda que no está sujeta a deflación con un sueldo que sí lo está.

Al mismo tiempo, quien tiene una empresa que funciona bien puede expandirla a nivel global y ganar cantidades ingentes de dinero. Quien tiene dinero sobrante, ya sea por mérito o por herencia, lo puede invertir en inmuebles y acciones, que suben casi constantemente, y ganar cada año más.

Todo esto no sería un problema si se crearan nuevos mercados y nuevas necesidades. Reabsorberían la mano de obra ociosa y la riqueza se repartiría.

Pero nuestra capacidad de innovación parece bastante circunscrita últimamente a Internet y, como hemos visto, lo digital no mueve dinero.

Por eso estamos como estamos.

Referencias y para saber más:

Income inequality

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